domingo, 4 de diciembre de 2011

aquella roca espectral

Entrar por ventanas
como fantasma en sueños
con blancas telas rotas
arañando luz de luna
retorciendo, retrocediendo
no cediendo al loco intento
de llegar al lugar donde
poder alcanzar suspiros.

Estar posado en suelos
donde con el sol, salir solo.
estancado entre granos de arena
como piedra que escoge
quien en ella tropieza
y hacer que caiga.
siempre el mismo.
siempre distinto.

Atravesar las paredes
deslizar gélidos susurros
llantos, gemidos, gritos,
alaridos sin estar siquiera
realmente ahí, donde
todo cambia
y pasa el tiempo.
Un estanque de arena
del reloj acostado.

Contemplar todo, nada,
latidos de tierra
repetido ser incesante
ido, perdido, esparcido,
semejante, que no parecido,
a no ocupar
el lugar de siempre
inamovible, inerte, inherente.

Ser resquicio de algo
más bien poco o menos
a penas parte del todo
y ni siquiera nada.
No ser más que una roca
que atraviesa cristales
para entrar en sueños
y escoger quien tropieza
con sus largas cadenas de luna
y sábanas salpicando el tiempo
que le queda a una roca espectral.

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